Después de haber participado como acampado en cuatro campamentos, incontables pascuas juveniles y decenas de encuentros en Fontalbres o Guardamar, este año me preparaba para enfrentarme a mi primer campamento como animador. Aunque yo iba creyendo que ya era un animador más o menos preparado, pues había estado medio año con críos cada viernes e incluso había hecho una salida de tres días en Marzo, la verdad es que lo que pasó durante las dos semanas que van desde el 15 hasta el 28 de Julio me pilló totalmente desprevenido y me obligó a improvisar más que nunca. Creo que puedo decir sin equivocarme que nadie está preparado para ser monitor, pues esto se aprende mientras lo estás siendo.

Todo empezó el día en el que marchamos en autobús hasta Sigüenza, una paliza de unas seis horas en la que hicimos un par de paradas. Nos dividimos en dos grupos: los chicos y chicas de primaria, junto con sus monitores respectivos y el material de campamento (entre el cual había unas antorchas horripilantes que acabaron con dos de mis mejores camisetas mientras escupían aceite y grasa en todas direcciones) nos metimos en un autobús, y los chavales desde 1ª de ESO a 1ª de Bachillerato se metieron en el Bus restante. No tengo ni idea de cómo les fue a los mayores, pero sé que mi viaje fue una pesadilla,😄. Imaginad a unos 35 niños (si, de esos que dicen cada cinco minutos aquello de ¿cuánto falta?, ¿falta mucho?) metidos en un único autobús conmigo en un viaje de unas seis horas de duración. Yo, como aquello si lo tenía claro, decidí hacer un poco el pavo para que los niños se rieran. Vale, se lo pasaron pipa, pero su hobby (como siempre, no sé porqué) es pegar a los tipos altos, como yo, por decir uno al azar, y me llevé una soberana paliza (aunque también repartí, también). Además, por aquellos tiempos llevaba una melena que ya he perdido que fue motivo de muchos comentarios y motes absurdos. Pero hacer que los críos se rían no quiere decir caerles bien, eh ahí mi primer error, por que no me di cuenta de que se reían de mí, no de lo que hacía (esta infancia de hoy en día,…). Vamos, que fue un viaje horroroso y cuando acabó había conseguido la hazaña de caerle mal a casi todos los críos del campamento. Menos mal que estaba preparado para ser animador, porque si no, no sé lo que me hubiera pasado.